Saltar al contenido
Pastoral

Destacados

Atrás

El Maestro que forma para una vida con Jesús

La experiencia de ejercer la docencia en nuestra Universidad es una invitación permanente a vivir con intensidad y cotidianidad la formación integral, el redescubrir nuevos conocimientos y fortalecer en la innovación, pero más aún también una formación espiritual, ética y transparente desde el seguimiento de Cristo como modelo de hombre y maestro.

La Universidad es por excelencia un lugar de aprendizaje, interiorización y maduración de las decisiones. Vivimos de cerca con los estudiantes que tienen una inquietud interior de aprender, de vivir, de crear, pero por otra parte de conocer a Cristo, de estar con Él, de moldear sus sentimientos y proyectos con los sentimientos y planes del Maestro que es Jesús.

Nos encontramos como formadores ante el formador por excelencia que es el Espíritu Santo y por lo tanto tenemos que estar en permanente discernimiento de la voluntad del Padre en relación al llamado de servicio y entrega no únicamente para los estudiantes sino en primer lugar para nosotros mismos, y para todo aquel que se sienta interpelado por sus enseñanzas.

Entramos en contacto íntimo y personal de forma sencilla y diaria con los aprendices. De ellos aprendemos de las nuevas generaciones su entusiasmo, sus deseos de innovar, su talento en evolución y adaptación rápida a los cambios, su generosidad y compartimos con ellos los retos de vencer las debilidades personales que no nos permiten ser totalmente nosotros mismos.

Esto nos hace vivir en “proceso de aprendizaje permanente”. Vivimos el ser profesionales como un llamado que no se acaba con nuestro título y que no se termina de responder con las promesas que realizamos el día de nuestra graduación o cuando conseguimos un trabajo.

El vivir en la escuela de Jesús nos compromete a una revisión personal y como formador-Maestro para preguntarnos sobre nuestra propia coherencia de vida, autenticidad y disponibilidad. (cf. San Juan Eudes)

La Universidad ofrece un espacio muy bien estructurado para vivir la formación académica-profesional, sentido social, innovador, humano, espiritual y comunitario con nuestros estudiantes, nos ofrece la posibilidad de vivir y trabajar como comunidad en camino con un equipo profesional que impactaran como profesionales una sociedad necesitada de profesionales humano, social y espiritual. Seguir formando seres humanos, capaces de romper esquemas y estructuras egoístas, falsas expectativas políticas, falsas estructuras que rompen con el sentido social, formar en el servicio ante los incesantes cambios y demandas que implica la formación profesional en los tiempos actuales. (cf. P. Rafael García-Herreros. U)

La formación en el principio humano-cristiana tiene un sabor especial. Exige que se vivan sus consecuencias en la vida diaria no como teoría sino como praxis, ya que vivimos a tiempo completo con una porción de la sociedad que se nos ha encomendado formar, guiar, orientar, que son precisamente los futuros profesionales que Dios quiere, Colombia y el Mundo necesita. (cf. Uniminuto)

Al mismo tiempo, nos encontramos en un lugar especial de servicio a Colombia, ya que en la Universidad convergen los estudiantes de todas las regiones de Colombia, de las diferentes situaciones espirituales, culturales, económicas y sociales existentes en los departamentos. Por lo que el trabajo en la formación de la vida Universitaria pide un ejercicio de acompañamiento constante, de aprendizaje y adaptación. No trabajamos para un programa académico limitado, sino que servimos a una Colombia en la formación de profesionales Humano, pero también en un sentido de Jesús.

¿Qué debemos enfatizar en nuestra vida de formadores para ser fieles en la formación en una vida con Jesús?

Esta pregunta trae a mi mente un consejo de un padre espiritual: “si quieres ser buen maestro déjale a Cristo que sea el Maestro”. Podemos explicitar diciendo: si queremos ser fieles formadores, dejémonos que Él sea nuestro Maestro personal y el Maestro de la comunidad Universitaria.

Este principio podría parecer muy obvio, pero en la praxis de cada día no lo resulta en muchas ocasiones. Podemos perdernos en elementos secundarios y situaciones circunstanciales.

Por lo que estamos invitados a enfatizar las siguientes coordenadas para ser excelentes pedagogos:

  1. Que sea Cristo nuestro Maestro personal.  Jesucristo debe ser el punto de referencia para revisar nuestro estilo de vida, el modo como estamos practicando la prudencia, la fraternidad, el compartir, la generosidad, el servicio, hablar de la Buena Nueva por un Reino de Amor.
  2. Vivir de tal forma que nuestra vida personal con Cristo crezca en la actitud de contemplación en la creación, en la biodiversidad, en amar la creación y en la escucha, en la paciencia. Esto implica una vida de encuentro vivo y personal con Jesús en espacios reservados para servir y el cumplimiento generoso de cada una de las obligaciones que tenemos en la Universidad.
  3. En estilo de vivir que transparente el espíritu de servicio, la sencillez y la austeridad de vida que caracterizó a Cristo en la relación con sus discípulos. Nuestros estudiantes son más sensibles a lo que ven de la vida de sus maestros que a las exhortaciones que reciben.
  4. En espíritu de trabajo con el corazón en todo que lo se refiere a la vida universitaria. Que se note que la Universidad es nuestra prioridad, que es una labor que realizamos “a gusto”, “Con amor”, no simplemente porque “nos guste”, sino porque es “lo número uno” para nosotros en nuestra docencia de acuerdo a los planes de Dios y nuestro plan de desarrollo.
  5. Una formación permanente que nos permita ser eficaces y eficientes en las responsabilidades que tenemos en la Universidad.  Un maestro debe prepararse cada día para dar bien sus clases, realizar adecuadamente los acompañamientos personales y comunitarios a los aprendices, dar ejemplo de fiel cumplimiento a lo que se nos encomienda.
  6. Un trabajo de equipo, donde se demuestre la unidad y la fraternidad de la unidad académica. Crear un clima de mutuo respeto, admiración y colaboración. No existe mejor testimonio que los lazos de amistad y trabajo de equipo que podamos generar en nuestra vida Universitaria.
  7. Y sobre todo, coherencia de vida con el llamado profesional que hemos recibido en la docencia. Que resplandezca esa pasión de la enseñanza en todas nuestras acciones y actitudes cotidianas: en la realización de nuestras clases o planes de trabajos, en el acompañamiento, en el Bienestar, el estudio, las clases, el descanso y esparcimiento y en las relaciones interpersonales y sobre todo en el sentido espiritual de conocer a Jesús.

 

Pbro. José Prentt Martínez,, cjm

Coordinador de Pastoral 

Vicerrectoría Regional Orinoquía


Eventos

Actualidad Pastoral

Cultura Espiritual y Misional

Cuidar al ser humano cada día
Pidámosle a Dios que nos regale la gracia de tener un corazón limpio

Infografía

Contacto

 

 

 

Atajos